
Un soplo de aire fresco acaba de entrar en mi vida. No sé por que pequeña rendija se habrá colado, pero no pienso negarle la entrada. Mi veleta ha cambiado de dirección, todo empieza a tomar una forma diferente. Todo está cambiando.
Cada momento que pasa me hace más maduro y yo, por ir en contra de la naturaleza, decido ser inmaduro y olvidarme de cualquier preocupación para centrarme en temas banales.
Se acabó el ver pasar la vida desde el alféizar de mi ventana, ahora salgo a la calle, ¡qué tiemble el asfalto!
Como capitán de este navío, ordeno a mis tripulantes un cambio de rumbo, arriesgado a la vez que emocionante. Voy en busca de aventuras.
Marineros, todo a babor, todo a estribor, hacia el norte, hacia el sur, hacia poniente, oriente, cerca, lejos, proa, popa, aquí o allí.
No importa la dirección si el destino final es la libertad.