jueves, 23 de septiembre de 2010

Liberté.

Cada momento que pasa me hace más maduro y yo, por ir en contra de la naturaleza, decido ser inmaduro y olvidarme de cualquier preocupación para centrarme en temas banales.

Se acabó el ver pasar la vida desde el alféizar de mi ventana, ahora salgo a la calle, ¡qué tiemble el asfalto!
Como capitán de este navío, ordeno a mis tripulantes un cambio de rumbo, arriesgado a la vez que emocionante. Voy en busca de aventuras.
Marineros, todo a babor, todo a estribor, hacia el norte, hacia el sur, hacia poniente, oriente, cerca, lejos, proa, popa, aquí o allí.
No importa la dirección si el destino final es la libertad.